16 noviembre 2017

Sobre la amistad

Por lo que se ve, a Kirmen Uribe le sienta bien subirse a los árboles. 

" Las rupturas no llegan de repente, acostumbran a ser consecuencia de una herida que lleva tiempo abierta.Como en los terremotos, las capas interiores de la tierra presionan en silencio, una contra otra, hasta que, en un momento dado, desgarran la corteza terrestre. La razón de la ruptura, la causa más profunda, tampoco solemos verla con claridad hasta que ha pasado un tiempo. Y pocas veces suele ser única (un solo desencuentro, una sola riña) la razón que provoca todo este terremoto.
Además, con el paso del tiempo, aquella razón que tanto nos ofendió se va difuminando, va perdiendo sus aristas, igual que las figuras de las portadas góticas, y ya no nos hace sufrir tanto.

Los amigos no se enfadan de repente, por el contrario, la vida de cada cual tira hacia uno y otro lado, y son esas fuerzas las que desgarran la amistad, como una tela vieja cuando tiramos de ella. Y uno piensa cómo es posible que personas que estuvieron tan cerca estén luego tan lejos; que las mismas personas que una vez se llevaron tan bien luego reaccionen con amargura, con rabia despiadada, como el peor de los amantes(...).

Un amigo te aceptará tal como eres, defectos incluidos, aun cuando por un momento lo dejes de lado. Y, a pesar de que pase mucho tiempo sin que esteis juntos, no se preocupa; para un amigo el tiempo tiene otra medida, así que no se apura. Te pondrás a hablar con él como si os hubierais visto la víspera; como si, a pesar del paso de los años, siguieras siendo el de siempre. Saber que siempre estará ahí, que admitirá los excesos que hagas en la vida, aporta una gran tranquilidad, una paz que tal vez no pueda alcanzarse en otro tipo de relación.

Quizá sea la amistad la más perfecta de las relaciones, o la más humana."

Lo que mueve el mundo. Kirmen Uribe. Seix Barral.

03 noviembre 2017

De paraguas


A las ocho en punto de la tarde se encendía el farolillo de la casa número ocho, en la calle de los sauces.
A esa hora, cuando los días se acortaban y la lluvia resbalaba en los paraguaslos chiquillos del barrio volvían a casa, siguiendo la orden irrebatible de sus padres. A las ocho acababan los juegos infantiles y comenzaban otros cuyo eje vertebral eran los besos furtivos entre las sombras, a salvo de la luz indiscreta de las farolas, y lejos de las miradas escondidas tras los visillos de las ventanas.

Paisajes. Fotos de Ginebra

17 octubre 2017

Del bosque


Desde el tronco muerto revolotearon mariposas tan blancas  como la grava que huyó del río. En la ribera se mecen los chopos y desde la ribera canta Leon.
Llueve sobre el bosque incendiado. Lágrimas por el bosque quemado.El árbol muerto servirá de cobijo a los pájaros.

cubierto de mariposas
el árbol muerto
florece.
(Kobayashi Issa)

Desde la ribera. Fotos de Ginebra

28 septiembre 2017

Instantes

Ocaso (R). Foto de Ginebra



La estela naranja y lila casi ha desaparecido en el horizonte. Nos hemos sumergido en su color rutilante y nos hemos bañado en la luz macilenta del día que acaba, pienso...

La vela encendida, la copa de vino, la música que invade la estancia y se escapa por el resquicio de una puerta abierta. El gato se despereza y dormita, el perro del vecino ladra. Suena la risa de una mujer en la calle, su taconeo, y oigo una moto que se aleja. Llaman por teléfono y no contesto.

Estiro este instante, este momento, como si fuese una bola de plastilina infinita, pero se acaba y al final, cómo dice la poeta, Dime tú ¿qué nos queda?.

12 septiembre 2017

Espirales

Espirales. Foto de Ginebra

Se cierra el círculo. De la inquietud ante lo imposible a la serenidad de lo cercano y posible. La espiral marca el camino: de la insalubridad y el dolor, a la resolución del problema. La curación.

Se cierra el círculo con un ascenso prolongado, atrás quedó la inmersión en el fango. Le nacieron alas en los omóplatos, afinó sus cuerdas vocales y voló a lomos de una melodía mágica hasta completar el círculo. La espiral.

30 agosto 2017

Algunos chicos


Oporto es una ciudad bellísima del noroeste portugués. En su origen fue asentamiento griego, después romano, suevo, musulmán e incluso perteneció al Reino de León tras su conquista y repoblación en la  Edad Media. Su evolución histórica multicultural, unido a su privilegiada ubicación geográfica como lugar de desembocadura del Duero, la convierten en un centro turístico por excelencia muy similar en cifras a  la capital del país, Lisboa.

Pasear por el estrecho entramado de calles y callejuelas del casco histórico, de plazas y balconadas a orillas del río es un regalo para la vista; pero la ciudad "muere de éxito" debido a la gran afluencia de visitantes que recibe en los meses de primavera y verano.



El río a su paso por el puente de Luís I es el "centro de trabajo" de algunos habitantes humildes de la ciudad y alrededores. Son menores de edad en su mayoría,chicos, que, aprovechando el ir y venir de turistas, se juegan la vida saltando al río por unas monedas, la voluntad que la masa de espectadores quiera brindarles.

No parece importarles la temperatura del agua en los meses de primavera, o las corrientes y remolinos que el caudal produce a su paso por el decimonónico puente de hierro; tampoco el tránsito de los barcos turísticos que surcan el cauce.

Se turnan mientras dura la jornada y esperan pacientes su "segundo de gloria" con un aforo casi completo que los anima desde los miradores y terrazas de la ribera.
La policía no hace nada. Los dos agentes hablan mientras observan a los chicos en sus saltos acrobáticos y sonríen ausentes a una realidad que a otros nos duele. Recuerdo la ciudad y recuerdo a esos chicos que arriesgan tanto por tan poca cosa. Su imagen se solapa en mi cabeza con la de los edificios emblemáticos y bellos, las bodegas, los barcos y el río,los puentes, la gente, las gaviotas, los músicos callejeros o el tranvía y su recuerdo me entristece aunque me sean anónimos sus rostros y sus historias.

En la desembocadura. Fotos de Ginebra

25 agosto 2017

Mar de arena

De los sueños. Foto de Andrea M
" Le llaman el de los barcos, aunque vive en el desierto. Sentado en la puerta de su jaima, con un té en la mano, Abdel cuenta su historia a todo el que quiera escucharla.

Siendo muy joven, sus padres le enviaron al extranjero a hacer sus estudios universitarios. Cuando regresó, Abdel se había convertido en ingeniero naval, pero su país de origen había perdido el mar. Se lo quedó Marruecos, aprovechando la salida de España de su colonia, que confinó al pueblo saharaui al interior del desierto.

Desde entonces, todos le llaman Abdel el de los barcos, porque sabe cómo hacerlos, pero vive en el desierto.

Sentado en la puerta de su jaima, con un té en la mano, Abdel entorna y cierra a veces los ojos, y en el horizonte infinito de arena, entre las dunas, ve alejarse la silueta de los barcos que nunca hizo, sus bodegas llenas de los sueños no cumplidos de su pueblo".

(Abdel, el de los barcos. Aquí yacen dragones, Fernando León de Aranoa, seix Barral)